La frontera de la hipocresía
Miles de vidas a orillas de la libertad
Mientras
tomaba mi acostumbrado café matutino me llegaron varias notificaciones a mi
celular, la última fue la que llamó mi atención, un niño tirado a orillas de la
playa mientras dos personas observaban a la distancia. Me tomó varios segundos
darme cuenta, aquél chico estaba muerto. El mundo está indignado, la crisis en
Siria se ha salido de proporciones. No mi gente, esto no es de ayer, no únicamente
Aylan ha muerto de esa forma, desde el 2011 miles de Sirios arriesgan sus vidas
prefiriendo morir en el mar o en otro lugar que en su país, que es el mismo
infierno en la tierra. Qué reciben del otro lado; mas odio, más dolor, porque
si no eres de aquí no eres de ningún lado, porque no aguantamos más refugiados,
porque es deber de este o aquel, porque Europa es inhumano, porque le
corresponde a los estados Árabes, porque los intereses económicos hoy valen más
que miles de vidas indefensas e inocentes, porque esto no es de hoy y no es
solo asunto de Siria, Europa o los países Árabes, nuestro mundo colapsa, y solo
lo resolvemos con miles de porque, un mundo donde todos vivimos y el cual
repite la historia una y otra vez pero cambiando estado y país de procedencia.
Y sí, es deber de todos como sociedad pensar aunque sea un poco en esta situación
y sus repercusiones. No simplemente por nuestro futuro cada vez más incierto,
sino también por las vidas que día a día mueren en esa frontera. Porque no exclusivamente
mueren por la represión del gobierno y el estado Islámico. Mueren porque a su
alrededor han decidido ponerse la venda en los ojos y señalar a todas partes
menos allí, la culpa es huérfana, al
igual que los niños que han sobrevivido gracias al sacrificio de sus padres;
pero que hoy no tienen ni patria ni identidad. Claro que tiene que ser asunto mío,
porque hoy es Siria, ayer fue Cuba y mañana puedes ser tú.
Cuantos dominicanos no llegan
anualmente a nuestras costas, cuantos cubanos no llegaban a las costas de
Florida, Cuantos Mexicanos diariamente cruzan la frontera y se encuentran con
la misma situación. Porque en nuestro mundo no hay espacio para ellos, en
nuestro país perfecto no se permiten imperfecciones, porque magnates racistas y
con poco entendimiento de la historia han logrado introducirse en nuestro
cerebro y plantarse en cada una de nuestras venas para hacernos olvidar lo que
pasa más allá de las fronteras y recordarnos lo insensibles que somos como
raza. Las fronteras se inventaron para camuflajear el odio y el racismo que todavía
continua latente en cada uno de nosotros como seres humanos y que poco a poco
nos va a liquidar de adentro hacia afuera, como una bomba potente y letal pero
que proviene de un arma más mortífera y que desencadena todo lo demás a su
alrededor, la palabra.
Tomemos cinco minutos para
reflexionar cuanto hemos perdido y cuanto más somos capaces de derrochar. Nuestra
indignación hoy se llama Aylan, pero sus raíces van más allá de ese pequeño que
únicamente quería vivir y crecer en paz y que no imaginó que llegara a tocar
una conciencia tan dormida que asusta y hace que nos preguntemos una y otra
vez; hasta cuándo.
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